Tras semejante subidón de adrenalina en la iglesia, teníamos que bajar de nuevo al centro de la ciudad, sin embargo no podíamos hacerlo en un taxi, porque era muy difícil hacer que uno subiera hasta allí para buscarnos. Así que utilizamos el servicio público-privado de la ciudad de Tijuana, digo público-privado porque los autobuses allí, como cualquier servicio público funcionan muy mal por lo que los taxis grandes, se especializan en hacer un determinado recorrido y tú te vas subiendo y bajando donde te parece, pagando un porcentaje previamente estipulado.
Para llegar al centro para comer tuvimos que coger dos de estos bus-taxi que de nuevo no tenían cintos de seguridad y que cada vez que pillaban un bache, lo cual era bastante a menudo, sonaban como si se fuera a acabar el mundo. Fue todo una experiencia, especialmente porque los barrios por los que pasábamos no parecían muy amigables, más bien parecían del tipo, voy a secuestrarte y a robarte los órganos en cuanto te descuides, pero de nuevo hay muchas diferencias, porque en una distancia de menos de 1 kilómetro pasabas de la pobreza más absoluta, al centro de la ciudad con altos edificios, calles bien pavimentadas, gente bien vestida y un montón de dinero.
Allí, como el peso está tan bajo en el cambio con dólares sales ganado de sobra y en el cambio con euros ni te cuenta, por lo que por poco dinero puedes vivir bastante bien. Nosotros en el centro comimos en una marisquería superfashion donde la comida nos salió por 45 dólares a los tres y el sitio era para verlo. Todo muy elegantemente decorado, tenías un camarero sólo para ti, te servían nachos de aperitivo gratis, te traían en carrito de los postres, en el baño te daban un periódico para que leyeras mientras hacías tus necesidades… Vamos una pasada, bueno o no tanto, pero los de bichita no estamos acostumbrados a estos lujos :P
Tras terminar de comer, cogimos otro taxi hacia la zona turística de Tijuana. En el trayecto hablamos con el taxista que nos explicó un par de cosas sobre Tijuana y sobre México:
1º No quieres estar a partir de las 8 de la noche en la calle a no ser que vayas buscando droga o quieras ser un objetivo para los ladrones
2º Nunca, bajo ninguna circunstancia acudas a la policía. Están tan corruptos que no merece la pena. El taxista nos contó que a él le robaron una vez e intentó ir a la policía a poner una denuncia. La respuesta de la policía a su intento de justicia fue: “Da gracias que no estás muerto”
Sobre las 7 decidimos ir definitivamente a la frontera y cuando llegamos allí había una cola que daba la vuelta a la calle, por suerte avanzaba bastante rápido y en 45 minutos llegamos hasta el control. Para entrar en EEUU los controles eran mucho más estrictos, ya que además de la cola de 45 minutos, al entrar en el edificio te avisaban de que tu comportamiento y conversaciones estaban siendo grabadas. La verdad, Andrea y yo estábamos preocupadas porque teníamos nuestra visa y pasaporte así que suponíamos que no tendríamos ningún problema. Nada más lejos de la realidad
Al llegar junto al chico que tenía que revisarnos los pasaporte, él muy amablemente nos dice que nos falta un papel y que vayamos a la parte de permisos para hablar con ellos a ver que solución nos dan. Nos vamos corriendo a permisos, no saltamos toda la fila y hablamos con otro ilustre funcionario americano que nos dice que tenemos dos opciones o dejar el pasaporte en la frontera y cuando lleguemos a los Ángeles ir a inmigración, presentar el papel que nos falta y pedir que nos devuelvan el pasaporte, lo cual era un lío porque estaríamos indocumentadas sobre una semana, o la otra opción es que Alejandro, que sí podía pasar, fuera hasta a casa a buscarlos.
Decidimos que la mejor opción era que Alejandro fuera a buscar nuestros papeles a casa aunque eso supusiese esperar 6 horas, las 3 del viaje de ida más las tres de vuelta. Así que sin más dilación Andrea y yo, nos sentamos cerquita de la valla para sentirnos más seguras, y nos dispusimos a esperar. La verdad nos dio tiempo para hablar de todo, hacernos preguntas extrañas y hasta para comprarnos al Cosmopolitan y echarnos unas risas a costa de la revistita. El único problema que teníamos era que las horas pasaban, nosotras no teníamos chaqueta y al hacerse de noche hacía frío. Así que Andrea y yo decidimos marchar a la búsqueda y captura de una manta para abrigarnos un poco.
| El antes |
Al volver a la frontera, un guardia muy malhumorado no quería dejarnos sentarnos de nuevo al lado de la valla, así que nos mando a territorio mejicano otra vez. Debía tener miedo de que bajo los abrigos lleváramos una bomba o algo. Por suerte, hubo cambio de turno y el siguiente guardia era un filipino muy majo, que sabía algo de español. El hombre se apiado de nosotras y nos dejo sentarnos de nuevo en territorio americano de forma que estuviéramos más seguras, porque a esas alturas ya era de noche y la frontera se había quedado prácticamente vacía.
Por suerte, Alejandro llegó antes de lo esperado, sobre las 10:30, porque Yolanda, la madre de Gina, hizo la mitad del camino con nuestros papeles, ahorrándole a Alejandro 3 horas de viaje. Ya con nuestros papeles pasamos de nuevo dentro del edificio, un poco asustadas por si teníamos algún otro problema más. Sin embargo, esta vez no solo no tuvimos ningún problema sino que la chica no quiso ¡ni ver los papeles! ¿para eso perdimos 4 horas de nuestra vida atrapadas en una frontera? Esto sólo pasa en América.




Me alegro de que la visita a Tijuana tuviese un final feliz! Lo de los papeles me ha recordado un poco a los funcionarios: que si das con uno que tenga el día tonto, no te deja pasar... pero si te toca la maja (o la vaga que no quiere trabajar...) pues ni te mira!
ResponderEliminarTu piensa que todo esto son experiencias que luego le podrás contar a tus nietos xDD