El viernes 19 hicimos un viaje improvisado a México. El novio de la madre de Gina (la americana con la que nos estamos quedando) iba hasta Tijuana a misa y nos dijo si queríamos ir con él para conocer un poco el país o más bien la frontera. La verdad es que Andrea y yo no estábamos demasiado emocionadas acerca del viaje pero al final resulto una experiencia alucinante.
El día empezó muy temprano, nos levantamos a las 7 de la mañana, lo que para nuestro cuerpo jetlaggeado fue una tortura. No había ni amanecido y con todo el silencio y sigilo que hay que tener a esas horas de la mañana parecía que estábamos haciendo algo ilegal, y el hecho de marcharnos hacia México no hacía sino incentivar la sensación. El viaje en coche fue muy tranquilito. El trayecto dura como tres horas y es todo por autopista así que vas prácticamente tú solo, porque aunque haya más coches, la autopista tiene tantos carriles (en algunos tramos hasta 7) que es imposible molestar o que te molesten los demás coches. Desde mitad del camino Andrea se encargó de conducir para ir cogiendo algo de práctica, yo mientras echaba un par de cabezaditas en la parte de atrás.
Al llegar a la frontera, y para sentirnos muy americanas, paramos a tomarnos un café en el Mcdonadls que había en la frontera. La verdad nunca he pedido un café en el Mcdonalds por lo que no sé si en España siguen la misma rutina pero aquí, tu pides el café y te lo dan sólo y después si quieres leche, te dan unos botecitos de plástico pequeños del tamaño de un dedal, donde viene la leche. Así que una vez que tienes tu café negro, tu vas echando tantos dedales de leche como sea necesario hasta que estea a tu gusto. Cuanto menos curioso. Después de salir del Mcdonalds dejamos el coche justo en la frontera porque Alejandro, el hombre con el que íbamos, nos explico que para volver a entrar en EEUU con los coches era una pesadilla, como podríamos comprobar más tarde, y que era mejor entrar a pie.
La entrada fue sencilla. Nadie te pregunta nada, ni te pide papeleos, ni mucho menos le importa lo que vayas a hacer allí. La policía mejicana tiene cosas más importantes de las que preocuparse que por par de turistas que van Tijuana, cosas como conseguir más dinero de sobornos sin tener que moverse mucho.
Justo al cruzar la frontera, que consiste nada más en un par de vallas y unas puertas giratorias ya estás directo en Tijuana. El cambio es impresionante, es como pasar a otro mundo y no ya sólo por cómo va vestida la gente, el colorido de los edificios o las carreteras llenas de vaches, sino por el tumulto, el ruido, los olores… una gran diferencia y eso que las partes cercanas a la frontera son bastantes turísticas.
Tras cruzar las vallas fuimos directos a un taxi para subir hasta la iglesia donde Alejandro quería ir a misa. Si, lo sé, ir a Tijuana a misa es como ir al Vaticano a emborracharse pero la vida tiene esas contradicciones, además la misa valió tanto la pena, que haría el viaje hasta allí otra vez sólo para volver a esa iglesia. No, no me he vuelto una fanática religiosa de repente, pero ir a esa misa debería ser algo que hiciera todo el mundo una vez en la vida, pero bueno eso lo explicaré un poco más adelante.
En cuanto cogimos el taxi (en ninguno de los tres que montamos a lo largo del día había cinturones de seguridad) y empezamos a separarnos de la zona turística el paisaje cambio totalmente. Donde antes había edificios y comercios y puestos en la calle ahora sólo había chabolas, casas desvencijadas y coches desvalijados. La diferencia es tan radical, que no parece ni que estés en la misma ciudad. El taxi nos dejo como en la cima de una montaña que era donde se encontraba la iglesia y desde ahí podíamos ver muchos barrios de la ciudad, la mayoría de ellos de chabolas, recordaba un poco a las imágenes de los campos de refugiados, donde por mucho que mires no puedes encontrar ni un edificio construido.
Como llegamos con tiempo, teníamos que esperar allí como unos 45 minutos y para pasar el tiempo nos pusimos a hablar con Alejandro. Él nos explicó el motivo de su gran religiosidad y porque iba a esa iglesia en concreto. Según parece, Alejandro cree que su exmujer lo ha embrujado o le ha echado como un mal de ojo que provoca que los malos espíritus le persigan y le quiten la salud. Él hablaba de mareos, dolores de cabeza, fatiga crónica... que no conseguían cura en ningún doctor, hasta que un día conoció al cura encargado de esa iglesia que le dijo que su problema era que estaba embrujado. El cura se encargó de hacerle una serie de tratamientos de exorcismo y purificación y desde entonces se encuentra mucho mejor pero tiene que visitar frecuentemente al cura para reforzar la purificación, además por supuesto, de rezar mucho y tener una fe inquebrantable. Ante semejante panorama ya os podéis imaginar que cara teníamos Andrea y yo, una mezcla entre intentar aguantarnos las carcajadas y el miedo de decir, a este tío se le va la pinza muchísimo.
Lo más curioso del asunto es que el hombre este es superreligioso, pero también cree en la brujería, que para algo se piensa que está embrujado y es superestricto acerca de las buenas cosas cristianas que se deben hacer, sin embargo, el se ha divorciado 3 veces, cuando para la iglesia católica, el matrimonio es un contrato irrompible. Paradojas de la vida.
Por si toda esta historia que contada así pierde toda la gracia pero imaginaros a un cubano con toda su retórica y su labia, contándoos la gran historia de una posesión, no fuera suficiente, la misa de después fue una experiencia fuera de serie. Para empezar la iglesia se caía a cachos, lo cual no destacaba mucho en un barrio donde hasta las personas se caían a cachos, sin embargo, durante la misa había dos cámaras grabando la misa que la retransmitían en directo por internet y un canal cristiano y había un operador de cámara encargándose de que todo fuera según lo prevista, además de un realizador que iba pinchando según fuera necesario la cámara más conveniente para cada momento. A todo esto la misa empezó con un poco de retraso porque el cura estaba haciendo su programa diario en televisión, en el cual los fieles le mandaban sus preguntas a través de internet y él las contestaba en directo. En serio, ese tío es el Oprah católico, todo un espéctaculo.
Tras que el operador de cámara colocará todas las cámaras y prepara el altar para que saliera bien en plano, entra el cura con mucha alegría y se planta justo delante de la cámara, esperando a que le den la señal, de forma que el cura en vez de mirar para nosotros que estábamos allí miraba sólo para la cámara. En la iglesia había también dos televisiones sintonizadas con el canal cristiano, donde íbamos viendo toda la jugada. Al empezar a grabar, el cura suelta la frase que es como el slogan de la cadena o algo así “Dios es amor y te ama”, muy pegadizo la verdad.
El cura empieza a saludar a los internautas, empieza la misa y dice que tenemos que hacer los rezos del día. En ese momento sale una de las monjas que es como su copresentadora, con un ordenador portátil que pone encima del púlpito y empieza a leer las peticiones de rezos que han llegado por email. La cámara por supuesto enfocándola, el cura intentando rezar por encima de la monja y mientras los rezos eran básicamente para felicitar cumpleaños, vamos un facebook cristiano. Después del espectáculo, nos ponemos todos a cantar, pero a lo misa góspel, con el cura bailando delante del altar a la pata coja (no, no estaba borracho, eso era lo peor).
Tras el espectáculo de canto y danza, vamos a leer las escrituras y el cura, que debía estar cansado ya, va a sentarse. Mientras dos fieles feligreses estaban leyendo él pasando de todo, jugando con un rosario a enrollarlo y desenrollarlo como si tuviera tres años. Cuando terminan de leer, estaba tan despistado que el diácono tuvo que darle un golpecillo para que se enterara que tenía que hacer el sermón. Bueno, el sermón, ese fue otro de los momentos álgidos, el cura filosofando sobre la vida, contando los cotilleos de la parroquia en mitad del sermón, preguntándole a la gente como le iba la vida… increíble, no tengo palabras para describirlo.
Al terminar el sermón se dio cuenta de que se había pasado de tiempo, ya sabes que el tiempo en televisión es oro y empezó a acelerar. Para aprovechar el tiempo, mientras la gente iba a comulgar, sentaron a una monja en mitad de la iglesia y la enfocaron con una cámara (ver durante 10 minutos a la gente comulgando es aburrido, el realizador tenía que inventar algo) con un cartelito que ponía: “ Es su cumpleaños, reza por ella”
Con el ritmo acelerado, termino la misa y nos despachó a todos porque el pobre hombre tenía más compromisos que cumplir con sus fans en internet, pero eso sí nos dejo con la mejor experiencia religiosa de nuestra vida.

WTF??? Pero qué me estás contando? Madre mía, me parto!! Tendrás que darnos la dirección de internet del cura milagroso a ver si le mandamos alguna petición y nos la ponen en directo, jejejeje
ResponderEliminarMadre mía!! Para que luego me digan que es mucho mejor viajar con los grupos preparados y todo acordado. Estas experiencias son las que hacen que un viaje valga la pena. Sin lugar a dudas.
ResponderEliminarQue envidia!siempre he querido ir a Tijuana :) y menuda experiencia religiosa!tenias que haber preguntado en qué página de internet se podía seguir la misa en directo y asi podíamos verla jajaja
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